RAZONES DESDE LA OTRA ORILLA 

 José Luis Martín Descalzo

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«Morir sólo es morir. Morir se acaba. Morir es una hoguera fugitiva. Es cruzar una puerta a la deriva y encontrar lo que tanto se buscaba». Este pájaro póstumo encontrará también nido caliente en muchas almas que quisieron y admiraron a José Luis Martín Descalzo.

Empieza con este libro a darnos sus «razones» desde la otra orilla: razones, sus razones, para la esperanza, para la fe y para el amor. Son páginas suyas que José Luis, al marcharse, dejó pendientes de mandar a la imprenta. 

24 MANERAS DE AMAR

 MARTÍN DESCALZO

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Cuando a la gente se la habla de que "hay que amarse los unos a los otros" son muchos los que se te quedan mirando y te preguntan: ¿y amar, qué es: un calorcillo en el corazón? ¿Cómo se hace eso de amar, sobre todo cuando se trata de desconocidos o semiconocidos? ¿Amar son, tal vez, solamente algunos impresionantes gestos heroicos? 

Un amigo mío, Amado Sáez de Ibarra, publicó hace muchos años un folleto que se titulaba "El arte de amar" y en él ofrecía una serie de pequeños gestos de amor, de esos que seguramente no cambian el mundo, pero que, por un lado, lo hacen más vividero y, por otro, estiran el corazón de quien los hace. Siguiendo su ejemplo voy a ofrecer aquí una lista de 24 pequeñas maneras de amar:

 -Aprenderse los nombres de la gente que trabaja con nosotros o de los que nos cruzamos en el ascensor y tratarles luego por su nombre.
 - Estudiar los gustos ajenos y tratar de complacerles.
 - Pensar, por principio, bien de todo el mundo.
 - Tener la manía de hacer el bien, sobre todo a los que no se la merecerían teóricamente.
- Sonreír. Sonreír a todas horas. Con ganas o sin ellas. 
- Multiplicar el saludo, incluso a los semiconocidos. 
- Visitar a los enfermos, sobre todo sin son crónicos.
 - Prestar libros aunque te pierdan alguno. Devolverlos tú.
 - Hacer favores. Y concederlos antes de que terminen de pedírtelos.
 - Olvidar ofensas. Y sonreír especialmente a los ofensores.
 - Aguantar a los pesados. No poner cara de vinagre escuchándolos. 
- Tratar con antipáticos. Conversar con los sordos sin ponerte nervioso. 
- Contestar, si te es posible, a todas las cartas. 
- Entretener a los niños chiquitines. No pensar que con ellos pierdes el tiempo.
 - Animar a los viejos. No engañarles como chiquillos, pero subrayar todo lo positivo que encuentres en ellos. 
- Recordar las fechas de los santos y cumpleaños de los conocidos y amigos. 
- Hacer regalos muy pequeños, que demuestren el cariño pero no crean obligación de ser compensados con otro regalo. 
- Acudir puntualmente a las citas, aunque tengas que esperar tú. 
- Contarle a la gente cosas buenas que alguien ha dicho de ellos. 
- Dar buenas noticias. 
- No contradecir por sistema a todos los que hablan con nosotros. 
- Exponer nuestras razones en las discusiones, pero sin tratar de aplastar.
 - Mandar con tono suave. No gritar nunca.
 - Corregir de modo que se note que te duele el hacerlo. 

La lista podría ser interminable y los ejemplos similares infinitos. Y ya sé que son minucias. Pero con muchos millones de pequeñas minucias como éstas el mundo se haría más habitable.

Razones para la esperanza 
Jose Luis Martín Descalzo


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Dicen que la gran enfermedad de este mundo es la falta de fe o la crisis moral que atraviesa. No lo creo. Me temo que lo que está agonizante es la esperanza, el redescubrimiento de las infinitas zonas luminosas que hay en las gentes y cosas que nos rodean». Los textos que componen este volumen testimonian una experiencia de apasionada comunicación entre autor y lector. Son además prueba de que es posible descubrir zonas luminosas en la aventura humana que invitan a alzar los ojos y mirar el futuro con esperanza.Como periodista, José Luis Martín Descalzo se adentra en estos ochenta y seis artículos por los rincones del alma humana que sufre y, a pesar de todo, espera.

DOCTOR ZHIVAGO
BORIS PASTERNAK 

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La compleja figura de Borís Pasternak no ha sido comprendida prácticamente hasta nuestros días. Poeta por encima de todo, traductor al ruso de Rilke , Verlaine y Shakespeare , fue acusado y postergado por su escritura «individualista». El doctor Zhivago no es una novela contrarrevolucionaria ni tergiversa las ideas de la revolución. Describe en ella Pasternak , sin abiertas intenciones polémicas, la vida de un «testigo» de una de las épocas más trágicas de la historia rusa. Sólo a comienzos de 1988 esta novela fue publicada en Rusia. Ver otros libros del Especial Literatura Rusa


BAILANDO CON LOBOS

MICHAEL BLAKE

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El teniente Dunbar, héroe de la Guerra de Secesión norteamericana, se ve obligado por las circunstancias a permanecer solo en un fuerte fronterizo. Un contacto fortuito con un grupo de comanches, que ha instalado en las inmediaciones su campamento de verano, le permitirá conocer el modo de vida de los indios, en el que acabará integrándose convertido en el guerrero Bailnado con Lobos... 


Esta conmovedora historia, reivindicadora del indio americano, ha sido llevada al cine en la película del mismo nombre dirigida y protagonizada por Kevin Costner.


VIVEN: LA TRAGEDIA DE LOS ANDES
PIERS PAUL READ 


Que nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. 
SAN JUAN, 15,13 

Decidimos que debía escribirse este libro para que se conociese la verdad, por los muchos rumores que corrieron sobre lo que pasó en la cordillera. Dedicamos la historia de nuestros sufrimientos y solidaridad a aquellos amigos que murieron por nosotros, y también a sus padres porque, cuando más lo necesitábamos, nos recibieron con amor y comprensión. 

Pedro Algorta Roberto Canessa Alfredo Delgado Daniel Fernández Roberto François Roy Harley José Luis Inciarte Javier Methol Álvaro Mangino Carlos Páez Fernando Parrado Ramón Sabella Adolfo Strauch Eduardo Strauch Antonio Vizintín Gustavo Zerbino 

Montevideo, a 30 de octubre de 1973




Cuenta con todo detalle cómo consiguieron sobrevivir en unas condiciones excepcionalmente rigurosas, en las que se vieron obligados a comer los cuerpos de sus compañeros muertos. El espíritu de equipo y la afinidad espiritual que les unía les ayudaron a superar una sucesión de pérdidas y adversidades.

YO, ROBOT
ISAAC ASIMOV


Una investigación llevada a cabo por un periodista acerca de la trayectoria de la robopsicóloga Susan Calvin da pie a los nueve relatos que componen esta novela. Las tres leyes de la robótica, a las que en obras posteriores Asimov añadiría alguna más, constituyen las normals que rigen el comportamiento en los diferentes conflictos que se presentan entre humanos y robots. Si bien admiten una lectura independiente, la modernidad y éxito de este libro se explica por la audacia en la composición y por la aplastante lógica en las reflexiones que aparecen acerca de la robótica. "Yo ,robot" es uno de los pocos títulos de ciencia ficción que han superado con amplitud el círculo de lectores especialmente aficionados, entre los que a menudo se considera una obra cumbre. Su influencia y la de las tres leyes de la robótica en ella enunciadas es muy notable en las novelas aparecidas posteriormente acerca de robótica, y eso mismo es lo que explica que se haya tomado como base para la película que se estrena a finales de julio 2004 dirigida por Alex Proyas y protagonizada por Will Smith. Isaac Asimov (1920-1992), conocido también como el Buen Doctor, es junto Robert Heinlen y Arthur C. Clarke uno de los res grandes maestros de la ciencia ficción y a lo largo de la vida fue investido doctor honoris causa por veinte universidades, además de obtener todos los premios importantes del género (Locus, Nebula, Hugos, etc.).


Un puente hacia Terabithia
KATHERINE PATERSON
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Una historia mágica sobre el poder de la amistad.

«Leslie puso el nombre de Terabithia a la tierra secreta, y prestó a Jess todos sus libros sobre Narnia para que aprendiera cómo se vivía en los reinos mágicos…»
Ésta es la historia de una amistad que cambia las vidas de Leslie y Jess, dos estudiantes de quinto de primaria que crean un mundo de aventuras en el corazón del bosque, llamado «Terabithia». Una novela de aventuras, valor y amistad que se ha convertido en un clásico de la literatura norteamericana.
A partir de 10 años.

EL JARDINERO FIEL
JOHN LE CARRE




Cerca del lago Turkana, en el norte de Kenia, Tessa Quayle, una mujer joven y bella, es asesnada. Su supuesto amante africano y compañero de viaje, un médico al servicio de una ONG, ha desaparecido del escenario del crimen.

El marido de Tessa, Justin, aficionado a la jardinería y diplomático destinado en la embajada británica de Nairobi, emprende su particular odisea para descubrir a los asesinos y sus motivos. Sus indagaciones lo llevan al Foreign Office de Londres, a varios países de Europa, a Canadá y de nuevo a África, a lo más profundo del sur de Sudán, y por último al lugar mismo en que Tessa murió. En el camino encontrará terror, violencia, situaciones cómicas, conspiraciones e información. Pero su mayor descubrimiento será la mujer a la que apenas tuvo tiempo de amar.



LOS MISERABLES
VICTOR HUGO

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Este fantástico libro de denuncia de la opresión, que fuera saludado por Rimbaud como “esa novela es una maravilla, un verdadero poema”, es la obra visionaria de un hombre que rechazó todo tipo de tiranía. Por ello tuvo que sufrir el exilio en Inglaterra, donde escribió estas páginas que supusieron un gran éxito comercial. Las diferentes adaptaciones musicales de ella son claro ejemplo de su vigencia.





“EL GRITO DE LOS DESHEREDADOS”, 
por Juana Salabert

Inmenso poeta y novelista fecundo para quien, y tras una efímera etapa de militancia juvenil monárquica, “el romanticismo es en literatura lucha misma por la libertad”. Victor Hugo obtuvo un inmenso éxito con su obra Los Miserables. Título que entusiasmó a Rimbaud, quien dijo que “esa novela es una maravilla, un verdadero poema”, y continúa hoy día cosechando un imparable éxito de lectores de todas las edades.

Lectores subyugados por la épica de un texto habitado por personajes de la talla de la pequeña Cosette, hija de una madre soltera abatida por la pobreza y el abandono, o el formidable Jean Valjean, condenado a décadas de trabajos forzados por haber robado un pan para sus sobrinos hambrientos.

“No hay derecho a matar a un hombre; pero sí que lo haya exterminar el mal…Es decir, a la obligada prostitución de la mujer, la esclavitud del hombre por el hombre, las tinieblas para la infancia”, escribió el patriarca del romanticismo francés, que definió a Los Miserables como una novela “de la conciencia”. Y añadió: “El culpable no es aquel que comete el delito, sino quien instaura las condiciones para que éste sea cometido”.

Novela de luces y tinieblas, de caídas y revueltas –Hugo es tan inmenso cuando narra el dolor de una niña maltratada como cuando relata el fragor de las barricadas del París insurrecto-,Los Miserables posee la modernidad de las grandes obras de la literatura universal. Una modernidad que rescata el esplendor de sus páginas de la hoguera del tiempo, salvándolas de las cenizas del olvido.

“Mientras existan sobre la tierra miseria e ignorancia, libros como éste no serán inútiles”, escribió el autor, como breve nota introductoria, en 1862. Pero, hay que advertirlo, Los Miserablesno se limita a ser un mero texto de denuncia de la injusticia y las más sangrantes desigualdades. Es, en primer lugar, una espléndida y visionaria novela, una de las obras cumbres del prolífico siglo XIX. Victor Hugo no es lo que se ha etiquetado, tan banal como osadamente dentro de los llamados cánones literarios, un “realista”. Victor Hugo es un artista de la videnciaaun cuando escribe sobre la evidencia.

Sus héroes, como el evadido Jean Valjean que rescata a la pobre Cosette-Cenicienta de las garras de sus verdugos caseros, los avaros posaderos Thénardier, y es siempre perseguido por Jabert, el frío policía que encarna a la ley social, a la ley del mal y a la propiedad privada, es un hombre atormentado por la fatalidad que se interroga siempre a sí mismo, y a su estar en el mundo. En la óptica de un Hugo obsesionado, al final de su vida, por la no violencia y el rechazo de cualquier clase de tiranía (durante el reinado de Napoleón III se exilió a Inglaterra), los poseedores de la nada se alzan frente a los poderosos como los acusadores de un invisible tribunal de las afrentas.

La sociedad es para el poeta de la leyenda de los siglos moderna dialéctica donde astralidad e infernalidad libran un eterno combate sin medias tintas, o con tintas de un rojo sangre. Hombres que acosan y pegan a otros hombres desnutridos, leyes que amparan a los sinvergüenzas e hipócritas partidarios de doctrinas cuyos preceptos moldean a su imagen y semejanza, niños que trabajan por un mísero trozo de pan, rebeldes que izan banderas de una pobre barricada… En Hugo, rebelde y cristiano, está ya todo el peso de la desesperación más lúcida; aquélla, llevada a rajatabla por el siglo XX de los Holocaustos, que sabe nada hay más humano que lo supuestamente inhumano. 

Tal vez por ello esta obra maestra de contrastes y claroscuros, visionaria y febril, no es un canto de esperanza. Es un grito apocalíptico, con escenas que pasan de lo íntimo a lo colectivo, toda una dramatización de las soledades humanas sumidas en esa desdicha que priva a “algunos”, desde su nacimiento, del pan, el juguete, la caricia, la escuela. Jean Valjean podría haber nacido hoy en una chabola cualquiera de las barriadas más infames de esta Europa de Internet y misiles crucero (¿se llaman así porque buscan nuevas formas de crucifixiones?), Cosette podría ser uno de esos muchos niños que ingresan en modernísimos hospitales con hematomas o quemazones de quienes supuestamente se hallan a su cargo para velar la salud de sus días…

Jean Valjean podría estar hoy muriéndose de sida en una cárcel por haber robado, no ya un pan, sino una moto, siete años atrás, en una adolescencia hechizada por el machaconeo de la publicidad…

El dinero no sabe de tiempos ni de patrias. Es lo único que tienen en común con el gran Verbo de la literatura sin cobardías ni facilidades al uso de su “público”. Lo últimos textos del gran Oscar Wilde recién salido de aquella cárcel infame donde lo martirizaron, junto con niños ladrones de ocho años alimentados con agua y harinas podridas, son, también baladas sobre la Miseria con mayúsculas…

“El sufrimiento social empieza a cualquier edad… La gente, porque el pueblo ama las metáforas, la llamaba Alondra… Sólo que esa pobre alondra no cantaba nunca”.

Mercaderes del templo, señores de las guerras, explotadores que blanquean su dinero merced a la sangre y al expolio ajeno, nada hay nuevo bajo el sol. Perdura lo bello, porque, y tanto Victor Hugo, como Arthur Rimbaud, lo supieron muy bien y lo pagaron con distintas, pero auténticas creces, lo bello no es nunca, al menos inconscientemente, cobarde. Ni setimentaloide. Por eso, Los Miserables es tan actual como un cuadro de Velázquez, habitado por infantes enfermos y bufones de mirada ya no triste, sino enajenada. Nada que ver con obras nacidas muertas ya desde su impresión. Hugo es siempre Hugo, en sus poemas y en sus novelas. Un hombre que sabe del dolor, del miedo a la muerte, y ve, no sólo mira. Un artista, un hijo del Verbo, nunca un esclavo de la palabra dictada por el buen gustode los que mandan, matan y roban, no panes ni motos. Vidas, horas de vida, de trabajo, de libertades.

Autor: Solidaridad.net-



Grandes testigos de la caridad

Tomás Malagón, promotor de militantes cristianos pobres




Juan Manuel González de la Aleja,
Javier Marijuán Izquierdo

Eugenio A. Rodríguez Martín 


Tomás Malagón nació en 1917 en Valenzuela de Calatrava, pueblo manchego de Ciudad Real. Ingresó a los doce años en el seminario de Ciudad Real y en 1933 continuó sus estudios eclesiásticos en la Universidad Pontificia de Comillas. Al estallar la Guerra Civil había terminado sus estudios de Filosofía. Con 19 años es movilizado por el ejército de la República y pasó la guerra en el frente en las provincias de Granada y Almería, destinado en un puesto en el que no tuvo que disparar un solo tiro. El joven seminarista convertido en soldado republicano tuvo la ocasión de convivir con personas luchadoras ateas que profesaban el anarquismo, el comunismo o el socialismo. Fueron tres años de duro combate espiritual marcado por la necesidad de dar respuesta a los numerosos interrogantes que le asaltaron y que le comprometieron a orientar su futuro sacerdocio al apostolado obrero. Era preciso superar el foso abierto entre la fe cristiana y la militancia obrera. Sus estudios en Comillas estuvieron marcados por una gran crisis interior que tuvo que vivir en soledad en un ambiente poco propicio a sus inquietudes vitales e intelectuales. Tras ser ordenado sacerdote, su destino parecía ser el de realizar una brillante carrera eclesiástica e intelectual. Pero la llamada del converso Guillermo Rovirosa en 1954 para incorporarse a la consiliaría nacional de la HOAC le hizo abandonar su cátedra y entregarse de lleno a la formación de militantes. La vida de Tomás Malagón quedó desde entonces unida a la de Rovirosa. El laico místico converso y el teólogo desarrollaron una fecunda actividad marcada por la amistad y la colaboración en la acción misionera más importante de la Iglesia española.

LA AGONÍA DE CRISTO; 
TOMAS MORO

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LA AGONÍA DE CRISTO

Por Santo Tomás Moro


I. Sobre la Tristeza, aflicción, miedo y oración de Cristo antes de ser capturado

Oración y mortificación con Cristo
La Angustia de Cristo ante la muerte
La Humanidad de Cristo
¿Cómo es nuestra oración?
La oración de Cristo
La voluntad de Dios Padre
Para que veamos el camino
La perspectiva del martirio
Los Apóstoles se duermen mientras el traidor conspira
"¿Por qué dormís?"
"Levantaos y orad"
Cristo sigue siendo entregado en la historia
Judas, Apóstol y traidor
Conducta de Cristo con el traidor
Libertad de Cristo en su captura, pasión y muerte
El fin de Judas.

II. Sobre la oreja sajada de Malco, la fuga de los discípulos y la captura de Cristo

Furia y celo de Pedro
Cristo corrige al Apóstol
Malco, figura de la razón humana
El poder de las tinieblas
La fuga de los discípulos
Desprendimiento y perseverancia
La captura de Cristo



DIARIO de ANA FRANK

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La pregunta es comprensible, pero hasta el momento nadie ha sabido formular una respuesta satisfactoria. De verdad, ¿por qué en Inglaterra construyen aviones cada vez más grandes, bombas cada vez más potentes y, por otro lado, casas normalizadas para la reconstrucción del país? ¿Por qué se destinan a diario miles de millones a la guerra y no se reserva ni un céntimo para la medicina y los pobres? ¿Por qué la gente tiene que pasar hambre, cuando en otras partes del mundo hay comida en abundancia, pudriéndose? ¡Dios mío?, ¿por qué el hombre es tan estúpido?

Yo no creo que la guerra sea solo cosa de grandes hombres, gobernantes y capitalistas. ¡Nada de eso! Al hombre pequeño también le gusta; si no, los pueblos ya se habrían levantado contra ella. Es que hay en el hombre un afán de destruir, un afán de matar, de asesinar y ser una fiera, mientras toda la Humanidad, sin excepción, no haya sufrido una metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos, y todo lo que se ha construido, cultivado y desarrollado hasta ahora quedará truncado y destruido, para luego volver a empezar.”








El método de Encuesta como estrategia de aprendizaje. Una experiencia concreta en la formación inicial del profesorado


UNIVERSIDAD DE GRANADA

DEPARTAMENTO DE DIDÁCTICA Y ORGANIZACIÓN ESCOLAR

TESIS DOCTORAL

MARIA ISABEL RODRÍGUEZ PERALTA







Presentación




El método de Encuesta, como estrategia de aprendizaje. Una experiencia concreta en la formación inicial del profesorado es una investigación estructurada en tres partes. La primera profundiza en las raíces históricas el método de Encuesta. La segunda se detiene en la fundamentación teórica del método de Encuesta. Y la tercera parte se centra en la investigación didáctica, propiamente dicha. La investigación se llevó a acabo durante el curso 2004 -2005, en los cursos de primero de Magisterio, dentro la asignatura de Didáctica General. Esta experiencia se enmarca en la Escuela Diocesana de Magisterio, 'La Inmaculada', adscrita a la Universidad de Granada.




En esta investigación didáctica aplicamos el método de Encuesta como una estrategia de aprendizaje. Para ello se elaboran una serie de Encuestas Pedagógicas, que nos permiten cubrir dos aspectos importantes; por un lado la asimilación de los contenidos didácticos propios de la asignatura y por otro lado, desarrollar los objetivos del método de Encuesta, es decir, ver - juzgar - actuar.




Esta investigación va precedida de un proyecto que presentamos en la 'suficiencia investigadora' en junio de 2003 titulado: Educación socio-política en Tomás Malagón: el método de encuesta como método de aprendizaje. La presente investigación es fruto de una prolongación de la suficiencia investigadora que defendimos en su día.

De la mano de Tomás Malagón llegamos a Guillermo Rovirosa, y ello nos ha permitido llegar a las raíces históricas de plan sistemático de Encuestas...

El caballero de la armadura oxidada ; 
Robert Fisher

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Pocos libros han tenido la repercusión de El Caballero de la Armadura Oxidada, sin duda porque es mucho más que un libro. Las profundas enseñanzas éticas que contiene son impartidas con una gran simplicidad y con un toque de humor muy sutil. El protagonista, un caballero deslumbrado por el brillo de su armadura, a pesar de ser bueno, generoso y amoroso, no consigue comprender y valorar con profundidad las cosas que suceden a su alrededor. Su armadura se va oxidando hasta que deja de brillar y no puede quitársela.Prisionero de sí mismo, emprende entonces un viaje al final del cual, gracias a la ayuda de diversos personajes, logra sacarse la armadura. Este libro nos enseña, de una forma muy amena, que debemos liberarnos de las barreras que nos impiden conocernos y amarnos a nosotros mismos para poder ser capaces de dar y recibir amor.La famosa escritora Terry Linn Taylor ha declarado: “Si necesitas que te recuerden la importancia de amarte a ti mismo, Por favor lee El Caballero de la Armadura Oxidada. Cuando hayas llegado a la última página sabrás que la vida es buena, que eres amor, que eres maravilloso...”


HOMO VIDENS
SARTORI GIOVANNI





El advenimiento del Homo Videns y el grave peligro para la democracia



El tipo de información que prolifera en la televisión afecta a la política y a los políticos, porque éstos son conscientes de que cada vez es más importante el cuidado de su imagen y lanzar soflamas mediáticas, y menos relevante el actuar de manera responsable en el ejercicio de sus funciones gobernantes.


Giovanni Sartori, en su obra advierte sobre el empobrecimiento del entendimiento y la pérdida de la capacidad de abstracción. Ambos hechos estarían provocados por la primacía de la imagen (la televisión) sobre la palabra escrita. Según él, esta situación significa un grave peligro para la democracia.



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EL EXTRANJERO,
DE ALBERT CAMUS








El extranjero

El extranjero (título original francés L’Étranger, 1942) es una novela del escritor francés Albert Camus. El personaje de la obra es un ser indiferente a la realidad por resultarle absurda e inabordable. El progreso tecnológico le ha privado de la participación en las decisiones colectivas y le ha convertido en "extranjero" dentro de lo que debería ser su propio entorno.

Argumento

El protagonista, el señor Meursault, comete un absurdo crimen y, a pesar de sentirse inocente, jamás se manifestará contra su ajusticiamiento ni mostrará sentimiento alguno de injusticia, arrepentimiento o lástima. La pasividad y el escepticismo frente a todo y todos recorre el comportamiento del protagonista: un sentido aburrido de la existencia y aun de la propia muerte.

Comentarios

La obra de Camus advierte sobre el hombre que se está creando. Es una denuncia frente a una sociedad que olvida al individuo y le priva de un sentimiento de pertenencia activa en la comunidad. Fue premonitorio respecto al ciudadano occidental que se encontrará la sociedad tras la II Guerra Mundial.

Camus escribió una obra provocadora en cuyo trasfondo aparece el rostro desgarrado de una Europa herida y violada por dos guerras mundiales, pintó una historia gris donde el paisaje está oscurecido por la extirpación de cualquier pasión o voluntad del hombre.

Meursault es el personaje que encarna ese sentimiento de profunda apatía por todo lo que le rodea haciéndose de manera más ostensible en la actitud ante la muerte de su madre,
…pensé que, al cabo, era un domingo de menos, que mamá estaba ahora enterrada, que iba a volver a mi trabajo y que después de todo, nada había cambiado…

Meursault personifica la carencia de valores del hombre, degradado por el absurdo de su propio destino, ni el matrimonio, ni la amistad, ni la superación personal, ni la muerte de una madre... nada tenía la suficiente importancia ya que la angustia existencial de este antihéroe inundaba todo su ser.

Así su ateísmo estaba justificado, la vida no tenía ningún sentido fuera de uno mismo, la confianza en fuerzas externas a él mismo le producía una sensación de caída hacia el abismo de lo incierto.
La búsqueda de la felicidad no se hallaba en esa religión, ni en la confianza en una sociedad cuyos mecanismos y leyes son desconocidos al individuo, la felicidad se encontraba en uno mismo, en la seguridad de la propia existencia, en la conciencia de ser y cuyo fin es el mismo conocimiento del ser.

ninguna de sus certidumbres valía más que un cabello de mujer […] yo parecía tener las manos vacías. Pero yo estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esa muerte que iba a llegar. Si era lo único que tenía…

Meursault se transforma así en un extranjero que juzga y remueve los fantasmas de una sociedad angustiada, cuya moral, carente de sentido, regula la vida de un todo social. Esa moral que condena a muerte de igual manera a un hombre que no llora la muerte de una madre que a un asesino,
En nuestra sociedad, un hombre que no llora en el funeral de su propia madre corre el peligro de ser sentenciado a muerte por la sociedad…
esa muerte que resulta ser la única opción posible para consumar la búsqueda de la propia existencia.


UTOPIA 
Tomás Moro

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BIOGRAFÍA



Santo Tomás Moro nació en Londres en 1477. Recibió una excelente educación clásica, graduándose de la Universidad de Oxford en abogacía. Su carrera en leyes lo llevó al parlamento. En 1505 se casó con su querida Jane Colt con quien tuvo un hijo y tres hijas. Jane muere joven y Tomás contrae nuevamente nupcias con una viuda, Alice Middleton.


Hombre de gran sabiduría, reformador, amigo de varios obispos.


En 1516 escribió su famoso libro "Utopía". Atrajo la atención del rey Enrique VIII quién lo nombró a varios importantes puestos y finalmente "Lord Chancellor", canciller, en 1529. En el culmen de su carrera Tomás renunció, en 1532, cuando el rey Enrique persistía en repudiar a su esposa para casarse, para lo cual el rey se disponía a romper la unidad de la Iglesia y formar la iglesia anglicana bajo su autoridad.


Santo Tomás pasó el resto de su vida escribiendo sobre todo en defensa de la Iglesia. En 1534, con su buen amigo el obispo y santo Juan Fisher, rehusó rendir obediencia al rey como cabeza de la iglesia. Estaba dispuesto a obedecer al rey dentro de su campo de autoridad que es lo civil pero no aceptaba su usurpación de la autoridad sobre la Iglesia. Tomás y el obispo Fisher se ayudaron mutuamente a mantenerse fieles a Cristo en un momento en que la gran mayoría cedía ante la presión del rey por miedo a perder sus vidas. Ellos demostraron lo que es ser de verdad discípulos de Cristo y el significado de la verdadera amistad. Ambos pagaron el máximo precio ya que fueron encerrados en La Torre de Londres. Catorce meses mas tarde, nueve días después de la ejecución de San Juan Fisher, Sto. Tomás fue juzgado y condenado como traidor. El dijo a la corte que no podía ir en contra de su conciencia y decía a los jueces que "podamos después en el cielo felizmente todos reunirnos para la salvación eterna"


Ya en el andamio para la ejecución, Santo Tomás le dijo a la gente allí congregada que el moría como "El buen servidor del rey, pero primero Dios" ("the King's good servant-but God's first"). Nos recuerda las palabras de Jesús: "Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios." Fue decapitado el 6 de julio de 1535. Su fiesta es el 22 de junio.


Qué gran modelo es Santo Tomás Moro para todos, en especial para los políticos, gobernantes y abogados. Pidámosle que su valentía les inspire para mantenerse firmes e íntegros en la verdad sin guardar odios ni venganzas.




Sobre sus escritos:

-por Esteban Kriskovich (Director Instituto Tomás Moro. Universidad Católica. Asunción-Paraguay)

En los catorce meses de prisión (17 de abril de 1534 a 6 de julio de 1535), escribió varios cientos de hojas que forman uno de los más conmovedores testimonios de la fidelidad de un ser humano a su conciencia, a la verdad y a sus principios.


Además de una numerosa correspondencia, que parcialmente se ha podido rescatar, y unas cuantas conmovedoras oraciones encontradas en su libro de las horas, y una "Instrucción para recibir el cuerpo de Cristo", ha escrito dos obras impresionantes:


1) "Un diálogo de la fortaleza contra la tribulación", en el cual dos personajes Antonio y Vicente, uno anciano y el otro joven, dialogan ante una eminente invasión turca de los peligros y adversidades que han debido sobrellevar los cristianos perseguidos por su fe dentro y fuera de Inglaterra.


2) "La agonía de Cristo", obra inconclusa que parece habérsele arrancado de las manos justo cuando estaba en el capítulo de la aprehensión de Cristo luego de la agonía en el huerto de los olivos. Su última expresión referida a la captura de Cristo en el huerto fue "...echaron mano sobre Jesús".


La imitación a Jesucristo es la plenitud del hombre, y el amor del cristiano. Como muy bien lo dice Alvaro de Silva, Moro escribió este libro con lucidez, afecto y ternura, pero sin ningún sentimentalismo. El cristiano ha de seguir los pasos de Cristo hasta el final, empujado por el amor y la belleza de Cristo. El Calvario es una montaña, no un hoyo oscuro. También la Cruz erguida es un desafío a la ley de la gravedad[3].


Sobre ella quiero referirme explícitamente, porque creo que en algunas páginas existe algo que luego de casi dos mil años, de casi quinientos años, permanece actual.


Moro hizo de la pasión de Cristo, y de manera dramática, el centro de su contemplación durante su encarcelamiento en la Torre de Londres y todo el proceso. Para fortalecerse, Moro se ensimisma en Cristo, y sigue los pasos de Cristo en su agonía, encarcelamiento, proceso, pasión y muerte[4].


Y en un capítulo[5], que es el que quería recordar, reflexiona el hecho de que los Apóstoles, en el huerto de los olivos, duermen mientras el traidor conspira, y Cristo les llama tres veces seguidas y ellos se vuelven a dormir, tal vez por cansancio, tal vez por pereza, tal vez por dolor, pueden existir miles de explicaciones, lo cierto es que se duermen mientras Cristo los necesita. ¡Velad y orad!, les repite y ellos se vuelven ha dormir. Estado de somnolencia. ¿No es este contraste entre el traidor y los apóstoles como un espejo, y no menos clara que triste y terrible, de lo que ocurre tantas veces a través de los siglos, desde aquellos tiempos hasta nuestros días?. La somnolencia. Con razón dice Cristo que los hijos de las tinieblas son mucho más astutos que los hijos de la luz. Y nosotros, ¿estamos despiertos mientras otros maquinan?; ¿estamos despiertos en nuestras universidades fomentando una cultura de la vida humanizadora, mientras otras universidades pueden estar produciendo tesis deshumanizante?, ¿estamos despiertos mientras nuestras leyes atentan contra la vida y la dignidad humana?, ¿estamos despiertos mientras crean nuevos términos y manipulan conceptos y el lenguaje?, legisladores, filósofos, educadores, periodistas, estudiantes, juristas, jueces, médicos, pastores, intelectuales, religiosos, hombres de gobierno, padres de familia, familias enteras, pueblo amante de lo verdadero, ¿estamos acaso despiertos?.


En todos sus últimos escritos se puede notar que Tomás Moro está prácticamente solo. Si no fuera por la comprensión incluso forzada de su hija Margaret estaría completamente solo. Pero "solo" en el convencimiento de su participación en la verdad y la certeza de la comunión en esa verdad con todos los santos. El excanciller es un hombre solo, pero ¿no es la libertad original y auténtica precisamente estar solo el hombre delante de su Dios?[6].


No se encuentra en los escritos de Moro ningún fenómeno que ocurrió a otros santos como apariciones, voces celestiales, milagros ni arrebatos místicos. Moro persevera anclado firmemente en la claridad de su conciencia cristiana frente a todo lo que tiene por delante. Sólo cuenta con su fe y su razón, su libertad anclada en el amor a Cristo y a la Iglesia. Ha formado su conciencia durante largo tiempo. Con estudio y reflexión. Su convicción es tan honda y tan pura que no tiene necesidad de juzgar, despreciar o condenar a los demás. Ni disminuye su amor y respeto al Rey que le envía a la muerte, ni su lealtad al país que tanto ama. Pero su amor a Cristo y a la Iglesia es mayor, y fundado en la clara razón, en la verdad[7]. Por esto murió, no tanto por un principio o idea o tradición, ni siquiera doctrina, sino por una persona, por Cristo. No por un amor a Cristo en abstracto, sino a su Iglesia y a la verdad revelada en ella, en su caso la aceptación y defensa de la supremacía espiritual del Romano Pontífice, la "roca". Moro amaba a Cristo y comprendió que negar aquella verdad o punto doctrinal equivalía a renegar de Cristo.


Moro dentro de su silencio escogió y valoró cada palabra para fabricar una de las protestas más apasionadas y al mismo tiempo serenas a favor de la libertad del espíritu humano, iluminado por la verdad. El cristiano puede vivir sin muchas cosas, pero no puede vivir sin libertad. Su pasión por la verdad debe necesariamente ir unida a su pasión por la libertad. Moro ingresó en la Torre por seguir la verdad de su conciencia. No se adhirió al juramento porque repugnaba su conciencia cristiana. Hacerlo le hubiera llevado a perder su libertad auténtica, con mayúsculas, adherida a la verdad, y por consiguiente a perderse a sí mismo para adherirse a la auténtica libertad. Sin esa libertad original del Espíritu, las demás libertades pueden ser cadenas, aunque produzcan admiración y muy hermosas parezcan. Esto es lo que Moro tiene presente al hablar en algunas cartas del "respeto a su alma".


Hablar de conciencia individual y de inalienable libertad, no significa de ningún modo que esté permitido tomar caprichosamente cualquier decisión, sino más bien, la aptitud y obligación de buscar la verdad en cualquier asunto, según los medios de que se disponga. Y por eso fue al suplicio sin hacer concesiones, cuando le hubiera bastado aceptar un compromiso equívoco, que todo el mundo esperaba de él, para hallarse de nuevo en el ocio con dignidad[8], o en la mentira con una supuesta dignidad.


La auténtica libertad es la fuente de la alegría: "La claridad de mi conciencia hizo que mi corazón brincara de alegría", escribió a su hija Margaret, en los últimos meses de vida. Y esto hacía que el santo, pueda perdonar, rezar por sus enemigos, y aún en esos momentos difíciles y dolorosos, incluso en el cadalso, con el buen humor, fruto de la alegría de pertenecer a Cristo, antes que al propio interés o a los intereses de Estado.


Un contemporáneo de Moro, Nicolas Maquiavelo, escribió: "Amo a mi ciudad más que a mi propia alma". En esta exclamación la trascendencia se borra, el espíritu se aplaca, la conveniencia está por encima de la verdad, y el ser de las cosas se manipula causando incalculables perjuicios. Las consecuencias las conocemos mejor nosotros y mucho más trágicamente que Maquiavelo.[9]


Como decía Chesterton, "dentro de la Iglesia uno tiene que quitarse el sombrero, pero no la cabeza". No luchaba Moro obstinado en su concepción personal ni subjetiva sino en defensa y amor a la verdad. No aspiraba a "salirse con la suya", sino "con la de Dios". Moro murió por una verdad que en su época había sido puesta en peligro. Moro era un intelectual de primera línea, figura cumbre del humanismo renacentista europeo. Tomás Moro estudió la cuestión con objetividad y se aseguró concienzudamente en la verdad. Su conciencia estaba bien formada, su fe era razonable y su contenido había conocido largas horas de reflexión y de estudio. No murió por defender una simple opinión de su cabeza ni por un capricho de su conciencia, sino por salvaguardar la conciencia en la verdad objetiva revelada. Se opuso a una ley dictada al antojo por intereses del momento. Se le cortó la cabeza porque ella era lo que sus enemigos no pudieron conquistar en él[10], y necesitaron de un traidor que con perjurio lo acuse infamemente. Parecería que la verdad venció sobre la mentira, pero ¿ha sido así?. Veritas magna et prevalet. La verdad es grande y prevalece (San Agustín)[11]. Su testimonio aún sigue hasta nuestros días y nos compromete. El peso de su carácter, de su energía viril, de su honestidad, de su formación jurídica y sus quince meses en prisión es abrumador en lo que respecta a sus razones en defensa de la verdad, de lo que las cosas son realmente, del bien, de la justicia. Había mantenido con su inteligencia y prestigio humanista, con la tinta de su pluma, la fe de siempre muchos años antes de librar la última batalla con la sangre de su cabeza[12].


En un bote antes de ser apresado, hablando con su yerno William Ropper sobre la posibilidad de perder su libertad, Moro le manifestó: "La batalla está ganada". La batalla está ganada, existen muchas interpretaciones de esta expresión: la batalla de Moro consigo mismo, la batalla frente a la tentación, la batalla contra los temores, la batalla del bien contra el mal, la batalla de la verdad contra la mentira, la batalla de la muerte contra la vida, la batalla que ya Cristo ganó por nosotros.


La batalla está ganada, pero no abandonemos la lucha. Estamos llamados a ser notables soldados de Cristo, sobre todo para que no hayan más víctimas inocentes del relativismo en lo concreto. Si Dios no existe, ya todo está permitido –decía Dostoievsky-. Debemos prepararnos para ello siempre, para anunciar el esplendor de la verdad en nuestro mundo, hasta las últimas consecuencias.


Para terminar, quisiera repetir algunas frases de la entrevista sobre Tomás Moro a Oscar Luigi Scalfaro, expresidente de Italia: "Para ser buenos políticos hay que ser, ante todo, personas íntegras y formadas; formadas especialmente en la vivencia según los valores cristianos. De este modo pueden ser fuertes interiormente para poder resistir a las tentaciones del poder. Fuertes con la gracia de Dios, que conquista y que se mantiene con la oración y los sacramentos. Cuando Moro tenía entre manos algún asunto importante o grave, iba a la Iglesia, se confesaba, asistía a Misa y recibía la Comunión[13]. Reconocía que el poder era un don que venía de lo alto. El poder por el poder es diabólico; es el pecado de soberbia; es, sobre todo, pensar en sí, en la propia carrera, en el propio interés. ¡Lo opuesto al servicio de la comunidad! La formación de la persona forma parte de los derechos y deberes naturales de la familia, es decir, de los padres. Ahora bien, también es un deber primario de la Iglesia, que es madre y maestra, y tiene la tarea formar integralmente a sus propios hijos. La responsabilidad de la Iglesia en este campo es grande: ¿quién mejor que la Iglesia puede hacer sentir al cristiano que, como ciudadano, no se puede quedar en casa durmiendo, que el bien común depende de cada uno y que el sacrificio por la comunidad es un deber de justicia?. El desafío es grande y necesita personas y sobre todo jóvenes dispuestos a vivir la política como una misión, dispuestos a seguir los grandes ideales del Evangelio, con generosidad y afrontando todo riesgo.


"Simón, tú duermes?" Pedro y los demás lo amaban con locura pero estaban en un estado de somnolencia. "Simón, tu duermes?", pongamos en lugar de Simón allí nuestro nombre y ensimismémonos con esta pregunta de Cristo. Permanezcamos despiertos.


Estas Jornadas para muchos en su historia puede marcar un hito muy importante. No es casual que nos hallamos encontrado. Dios suele llamar con una sutileza muy especial. Tal vez este llamado se haya dado con la invitación a participar de estas Jornadas. El compromiso es personal. Es personal. La tarea de la iluminación de la inteligencia no es fácil pero es necesaria y apasionante. No estamos solos, aunque aparentemente lo sintamos así, porque de hecho estamos llamados en tiempos difíciles.


La batalla está ganada, pero la lucha continúa. Todos estamos llamados para este desafío, aunque nos encontremos aparentemente solos contra el poder, Dios Padre nos protege, Dios Hijo Jesucristo nos acompaña, y Dios Espíritu Santo, nos ilumina con su gracia, y además tenemos la compañía de todos los santos. El mundo está hambriento de una respuesta política auténtica, humana, Dios por algo nos hizo nacer en este tiempo y en esta tierra. Respondamos a su llamado. Muchas gracias.


[3] Cartas desde la Torre, Introducción, Pág. 16.

[4] Un hombre solo. Cartas desde la Torre. Rialp. Madrid. 1990. Pág. 148.
[5] La Agonía de Cristo. Rialp. Madrid. 1997. Pág. 76
[6] Idem. Päg. 21
[7] Idem, 22
[8] Louis Brouyer. "Tomás Moro. Humanista y mártir". Encuentro. Madrid. Pág. 88.
[9] Carta de Maquiavelo a Francesco Vettoni el 16 de abril de 1527.
[10] La agonía de Cristo. Introducción de Álvaro de Silva. Pág. xxvi.
[11] Louis Bouyer. "Tomás Moro. Humanista y Martir". Encuentro. Madrid. Pág. 91.
[12] La agonía de Cristo. Idem. Pág. xxiv.
[13] Cartas desde la Torre. Pág. 145.




Carta del Santo Padre Juan Pablo II

declarando a Sto. Tomás Moro patrono de los gobernantes y políticos.
31 Oct 2000, «motu proprio».

1. De la vida y del martirio de santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, «es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella» (Gaudium et spes, 16). Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.


Recientemente, algunos Jefes de Estado y de Gobierno, numerosos exponentes políticos, algunas Conferencias Episcopales y Obispos de forma individual, me han dirigido peticiones en favor de la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre los firmantes de esta petición hay personalidades de diversa orientación política, cultural y religiosa, como expresión de vivo y difundido interés hacia el pensamiento y la conducta de este insigne hombre de gobierno.


2. Tomás Moro vivió una extraordinaria carrera política en su país. Nacido en Londres en 1478 en el seno de una respetable familia, entró desde joven al servicio del arzobispo de Canterbury Juan Morton, canciller del Reino. Prosiguió después los estudios de leyes en Oxford y Londres, interesándose también por amplios sectores de la cultura, de la teología y de la literatura clásica. Aprendió bien el griego y mantuvo relaciones de intercambio y amistad con importantes protagonistas de la cultura renacentista, entre ellos Erasmo Desiderio de Rotterdam.


Su sensibilidad religiosa lo llevó a buscar la virtud a través de una asidua práctica ascética: cultivó la amistad con los frailes menores observantes del convento de Greenwich y durante un tiempo se alojó en la cartuja de Londres, dos de los principales centros de fervor religioso del Reino. Sintiéndose llamado al matrimonio, a la vida familiar y al compromiso laical, se casó en 1505 con Juana Colt, de la cual tuvo cuatro hijos. Juana murió en 1511 y Tomás se casó en segundas nupcias con Alicia Middleton, viuda con una hija. Fue durante toda su vida un marido y un padre cariñoso y fiel, profundamente comprometido en la educación religiosa, moral e intelectual de sus hijos. Su casa acogía yernos, nueras y nietos y estaba abierta a muchos jóvenes amigos en busca de la verdad o de la propia vocación. La vida de familia permitía, además, largo tiempo para la oración común y la «lectio divina», así como para sanas formas de recreo hogareño. Tomás asistía diariamente a misa en la iglesia parroquial, y las austeras penitencias que se imponía eran conocidas solamente por sus parientes más íntimos.


3. En 1504, bajo el rey Enrique VII, fue elegido por primera vez para el Parlamento. Enrique VIII le renovó el mandato en 1510 y lo nombró también representante de la Corona en la capital, abriéndole así una brillante carrera en la administración pública. En la década sucesiva, el rey lo envió en varias ocasiones para misiones diplomáticas y comerciales en Flandes y en el territorio de la actual Francia. Nombrado miembro del Consejo de la Corona, juez presidente de un tribunal importante, vicetesorero y caballero, en 1523 llegó a ser portavoz, es decir, presidente de la Cámara de los Comunes.


Estimado por todos por su indefectible integridad moral, la agudeza de su ingenio, su carácter alegre y simpático y su erudición extraordinaria, en 1529, en un momento de crisis política y económica del país, el rey le nombró canciller del Reino. Como primer laico en ocupar este cargo, Tomás afrontó un período extremadamente difícil, esforzándose en servir al rey y al país. Fiel a sus principios se empeñó en promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los débiles. En 1532, no queriendo dar su apoyo al proyecto de Enrique VIII que quería asumir el control sobre la Iglesia en Inglaterra, presentó su dimisión. Se retiró de la vida pública aceptando sufrir con su familia la pobreza y el abandono de muchos que, en la prueba, se mostraron falsos amigos.


Constatada su gran firmeza en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el Rey, en 1534, lo hizo encarcelar en la Torre de Londres dónde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Tomás Moro no se dejó vencer y rechazó prestar el juramento que se le pedía, porque ello hubiera supuesto la aceptación de una situación política y eclesiástica que preparaba el terreno a un despotismo sin control. Durante el proceso al que fue sometido, pronunció una apasionada apología de las propias convicciones sobre la indisolubilidad del matrimonio, el respeto del patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos y la libertad de la Iglesia ante el Estado. Condenado por el tribunal, fue decapitado.


Con el paso de los siglos se atenuó la discriminación respecto a la Iglesia. En 1850 fue restablecida en Inglaterra la jerarquía católica. Así fue posible iniciar las causas de canonización de numerosos mártires. Tomás Moro, junto con otros 53 mártires, entre ellos el obispo Juan Fisher, fue beatificado por el Papa León XIII en 1886. Junto con el mismo obispo, fue canonizado después por Pío XI en 1935, con ocasión del IV centenario de su martirio.


4. Son muchas las razones a favor de la proclamación de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. En efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.


En este contexto es útil volver al ejemplo de santo Tomás Moro que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida entera de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.


Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación apostólica postsinodal «Christifideles laici» escribí que «la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres» (n. 17).


Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran estadista inglés. Él vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre «buen humor», incluso ante la muerte.


Éste es el horizonte a donde le llevó su pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, «el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en Él, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios» (Discurso 7.4.1998, 3).


Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es «testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma» (Enc. «Veritatis splendor», 58). Aunque, por lo que se refiere a su acción contra los herejes, sufrió los límites de la cultura de su tiempo.


El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la Constitución «Gaudium et spes», señala cómo en el mundo contemporáneo está creciendo «la conciencia de la excelsa dignidad que corresponde a la persona humana, ya que está por encima de todas las cosas, y sus derechos y deberes son universales e inviolables» (n.26). La historia de santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.


5. Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad. Ésta es, además, una iniciativa en plena sintonía con el espíritu del Gran Jubileo que nos introduce en el tercer milenio cristiano.


Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a santo Tomás Moro, concediendo que le vengan otorgados todos los honores y privilegios litúrgicos que corresponden, según el derecho, a los patronos de categorías de personas.


Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.


Roma, junto a San Pedro, el día 31 de octubre de 2000, vigésimo tercero de mi Pontificado


IOANNES PAULUS PP.II


N.B.: El texto original de la carta está escrito en latín. La traducción que aquí presentamos ha sido distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.


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